sábado, 10 de diciembre de 2011

Calma


Seguía ahí. No lo había soñado. No había sido un juego de su imaginación. Podía escuchar su respiración, tranquila, acompasada, profunda. Durante unos minutos no hizo nada más que observarle. Recorrió una a una cada parte de su rostro, fijándose en aquellos pequeños detalles nunca vistos hasta ahora. Sus pupilas juguetonas correteaban de un lado a otro, sin saber dónde pararse a reposar, ansiosas por conocer más y más a fondo cada rasgo. Por un momento se quedó absorta, perdida en sus labios. No había nada más. Sin siquiera pensarlo le besó. Suavemente. Intentando extraer de aquel beso toda aquella poesía que desprendía, toda la calma que emanaba en sus suspiros.
Notó como su mano se aferraba a su cintura. Tierna pero firme. Ligera y decidida. Sintió cada uno de sus dedos acariciándola, suavemente, como si fuese un tesoro precioso que podía romperse en cualquier momento.
Y en ese momento, abrió los ojos, dejándola sumergirse en un paraíso perdido, dejándola volar más allá de lo permitido. Ya nada más importaba. Por unos instantes, el mundo era perfecto. Ya habría tiempo de volver a la realidad. Era el momento de soñar, de vivir, y ellos acababan de empezar a hacerlo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario