A veces encuentras la calma donde menos lo esperas.
A veces la calma te acompaña en el camino, destruyendo todo aquello que te daña. Dejando solo claridad.
A veces, incluso, te das cuenta de que es esa misma calma la que perdiste hace tanto que apenas recordabas su nombre.
Pero la vida cambia, y nada es lo que parece. Quizá la respuesta no sea sumergirme en la inmensa calma que me confieres, sino romper tus barreras, una a una, y mostrarte de nuevo el océano de sentimientos que vagan por este mundo, perdidos, esperando a que tú los encuentres.
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